Extender un cheque puede parecer una forma anticuada de pagar una factura, pero el fraude con cheques sigue siendo una amenaza muy real. Los delincuentes pueden robar cheques de los buzones, alterar datos importantes e intentar cobrarlos o ingresarlos antes de que el titular de la cuenta se dé cuenta de que algo va mal.
En un caso reciente, unos cheques que se habían enviado por correo para pagar facturas corrientes fueron presuntamente robados antes de llegar a sus destinatarios. Los cheques fueron alterados —se modificaron, entre otras cosas, el nombre del beneficiario y los importes en dólares— y, posteriormente, se cobraron. El fraude se descubrió cuando aparecieron movimientos no autorizados en la cuenta.
Pero la historia no terminó ahí.
Más tarde, ese mismo día, la persona sospechosa de haber falsificado los cheques regresó a una sucursal de Great Basin e intentó cobrar otro cheque fraudulento. Los empleados, que se mantuvieron alerta, reconocieron las señales de alerta, se pusieron en contacto con las fuerzas del orden y ayudaron a impedir otra transacción fraudulenta.
Cómo se produce el fraude con cheques
El fraude con cheques puede producirse de varias formas. Un delincuente puede robar un cheque de un buzón u otro lugar y modificar la información que figura en él antes de intentar utilizarlo.
Entre las alteraciones más comunes se pueden incluir:
- Cambiar el beneficiario para que el cheque se extienda a nombre de otra persona
- Aumentar el importe en dólares
- Modificar o alterar cualquier otro dato que figure en el cheque
- Utilizar la información de un cheque robado para crear cheques falsos
Dado que los cheques contienen información bancaria confidencial, un cheque robado puede proporcionar a los delincuentes algo más que el acceso a un único pago.
Cómo protegerte de la mejor manera posible
Hay varias medidas sencillas que puedes tomar para reducir el riesgo de fraude con cheques.
Ten cuidado con la forma en que envías los cheques por correo. Evita dejar los cheques que vas a enviar en un buzón sin protección durante periodos prolongados. Siempre que sea posible, plantéate llevarlos directamente a una oficina de correos o utilizar un punto de recogida de correo seguro.
Controla tus cuentas. Revisa periódicamente tus transacciones y presta atención a los cheques o retiradas de efectivo que no reconozcas. Detectar rápidamente cualquier actividad sospechosa puede marcar una gran diferencia.
Lleva un control de los cheques que emites. Anota el número de cheque, el importe y el destinatario para poder comparar tus registros con el movimiento de tu cuenta.
No dejes espacios en blanco. Al extender un cheque, escribe el nombre del beneficiario y el importe completos para que sea más difícil falsearlo.
Informa de cualquier cosa sospechosa. Si parece que un cheque ha sido falsificado o detectas alguna actividad no autorizada, ponte en contacto con tu entidad financiera lo antes posible.
El fraude no siempre implica tecnología sofisticada ni tramas complicadas. A veces, empieza con algo tan sencillo como que alguien saque un cheque de un buzón.
Tomar algunas precauciones adicionales, supervisar tus cuentas y saber en qué fijarte puede ayudarte a evitar que tu dinero y tu información financiera personal caigan en manos equivocadas.